martes, 19 de septiembre de 2017

REZANDO VOY, S.j. Día 20 de septiembre

https://rezandovoy.org/reproductor/adulta/1697

EVANGELIO DE SAN LUCAS 7,31-35

Sal 110,1-2.3-4.5-6


Giovanni Marradi - Always

DEL EVANGELIO DE LUCAS


PARA ESTE CURSO...



Que levante la mano el que alguna vez no ha dicho eso de: “El año que viene empiezo a estudiar desde el primer día”. Luego llega el año que viene y vuelves a lo de siempre, posponer la parte árida del estudio, empezar con bastante pereza, e ir apretando a medida que pasan los meses y los exámenes se aproximan. Hasta que te pilla (o casi) el toro, y entonces, cuando combinas agobio, insomnio y preocupación por los resultados, vuelves a decir aquello de “el año que viene…”

ALGUIEN TE ESPERA



Durante el inicio de curso es curioso cómo nos bombardean en la televisión con anuncios sobre coleccionables de todo tipo –mecheros, películas de Cantinflas, libros sobre guerras, etc–. Hay colecciones de muchos tipos y para todos los gustos. El mensaje que nos venden es que siempre hay uno esperándote para que le dediques tus sueños y tu tiempo.

No tan anunciados como estos productos, hay también personas, ONGs, asociaciones, parroquias –y otras muchas entidades y particulares–intentando ofrecer lo que tienen: construir un mundo más justo, más sostenible, más humano; hacer más fácil y mejor la vida a los demás. Y es que, a medida que te acercas a este mundo del voluntariado, sientes la necesidad de seguir ofreciendo lo poco que tienes de manera desinteresada. Lo que haces –que para ti puede ser muy sencillo–, puede que para otros no tenga precio. Te puedes sentir realizado ofreciendo tu vida a otros durante un rato a la semana. Te puedes sentir conmovido por historias que, aunque parezcan lejanas, las haces tuyas y te remueven por dentro. Ofrecer la mano a los que por algún motivo no han tenido la suerte, o los cromosomas, o la familia, o la educación que hemos podido tener otros, ayuda a crecer. Nos ayuda a ver que no estamos solos. Nos ayuda a ser sencillos, a mirar a los demás por igual; a luchar por los sueños compartidos; a ser pacientes y comprensivos; a no tirar la toalla a la primera de cambio y a ser generosos con lo que podamos dar. Tal vez los voluntarios no salgan en la televisión, ni se les diferencie por la calle. Cada uno tiene sus gustos y manías. Quizá lo único por lo que se les pueda identificar es, en definitiva, por la alegría profunda que provoca el saber que lo realizado es por y para otros.