jueves, 27 de abril de 2017

REZANDO VOY

CREEMOS EN JESÚS RESUCITADO

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Puesto que Cristo ha resucitado
creemos en la vida,
¡para siempre!
Puesto que Cristo ha resucitado
no creemos en la muerte.
¡En ninguna muerte,
para nadie que quiera vivir!
Puesto que Cristo ha resucitado,
creemos que el hombre
es un proceso ilimitado
y que nada de lo que podamos imaginar
es demasiado grande para El.
Puesto que Cristo ha resucitado
podemos empezar una vida nueva
cuanto antes!
Puesto que Cristo ha resucitado
creemos en El.
Puesto que Cristo ha resucitado
la fuerza del presente
es el futuro.
Puesto que Cristo ha resucitado
el mundo está en marcha
y no lo detendrán las conquistas
ni los intereses de los vencedores.
Puesto que Cristo ha resucitado
estamos en revolución permanente
y es preciso cambiar el mundo
desde sus cimientos.
Puesto que Cristo ha resucitado,
hay que construir una ciudad sin clases,
donde el hombre no sea lobo para el hombre
sino compañero y hermano.
Puesto que Cristo ha resucitado
hay un amor y una casa ¡para todos!
Puesto que Cristo ha resucitado
creemos en una Tierra Nueva.
Y porque creemos y esperamos
no tenemos nada que conservar.
Y afirmamos que el mejor modo
de conseguirlo todo
es perderlo todo
por una sola cosa:
Por TI
                                                           P. Loidi

"UN POCO DE FE"

ABRIENDO LOS OJOS

ENTRAS

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Entras. hasta el fondo del alma. En la interior bodega. Entras, te pones en medio de nosotros, pues tu Reino está así, entre nosotros, cerca de las alpargatas, entras con las puertas cerradas, entras siempre y nos dices: paz a vosotros. Mi paz os dejo, mi paz os doy, no como la da el mundo. Tu paz. Con tu paz nos envías. Con tu paz nos das el Espíritu Santo. La posibilidad de proclamar, hemos visto al Señor. Tu don disipa nuestras dudas, Señor mío y Dios mío. Entra en mi, Jesús Resucitado.


EL ENCUENTRO CON EL RESUCITADO


El encuentro con el resucitado disipa los miedos y trae la paz.
                                                                                                                                       C de Jesús

Tiempo de Pascua, reencontrarnos con una fuerza que no es de este mundo

Tiempo de Pascua, reencontrarnos con una fuerza que no es de este mundo

Es la fuerza que desprenden aquellas personas que, desde nuestra lógica y desde nuestro bienestar “asegurado”, deberían vivir derrotadas, sin proyecto, arrodilladas ante una realidad que no duda en hacerlas caer de nuevo cuando parecía que podrían levantarse. También todas aquellas otras personas que las acompañan día tras día, con la sensación de estar luchando contra un gigante, pero sin dejar de buscar alguna grieta por donde alimentar la vida.

Es una fuerza que explica aquello que con nuestros esquemas es inexplicable: ¿Cómo aguantan? ¿Qué les hace vivir? ¿Por qué no se dan por vencidas? ¿Cómo se sostienen en medio de tanto dolor?… Una fuerza que nos hace abrir los ojos y escuchar, que nos interroga, que nos toca el corazón y que nos cuestiona vitalmente. Es una fuerza que viene de nosotros pero que va más allá.

Es la fuerza de la mujer que sufría hemorragias y que consiguió abrirse paso entre la multitud para tocar la orla del manto de Jesús (Lucas 8, 40-48). Es la fuerza del ciego que gritaba al margen del camino cuando todo el mundo le mandaba callar (Marcos 10, 46-52). Es la fuerza de las mujeres que se fueron del sepulcro para anunciar a los discípulos que habían visto a Jesús (Mateo 28, 8-15). También debía ser la fuerza que los otros reconocían en el mismo Jesús, los que le seguían y los que lo mataron.

Esta es la fuerza de la resurrección, la que puede transformar nuestra vida y darle la vuelta a nuestro mundo, la que nos puede ayudar a convertirnos en personas más libres, más fuertes y más humanas, personas que trabajan por la justicia.
Esa fuerza es un tesoro que hay que cuidar en un tiempo y un momento donde es habitual sentirnos débiles, con la necesidad de encerrarnos en un pequeño espacio vital para proteger nuestro bienestar en este mundo hostil, atados a dinámicas que nos someten, a ritmos marcados por otros y que condicionan nuestra vida (personal, institucional, comunitaria y también de Iglesia).

El tiempo de Pascua que vivimos ahora, puede ser un tiempo de reencontrarnos (individual y colectivamente) con la fuerza de la resurrección. Quizás la encontremos escondida en nuestro interior, sin saber porque ni como hemos ido cargando sobre ella todo aquello que nos impide sentirla: discursos de impotencia, relatos conformistas, la aceptación de un sistema injusto como si no hubiese alternativa posible, el miedo a exponer nuestra vida confortable…  Quizás descubramos qué o quien (y con que interés) nos aleja de ella. Quizás la encontremos necesitada de cuidado y atención, esperándonos, deseando tomar cuerpo, coger fuerzas y salir de nosotros.

Si así fuese, si nos reencontrásemos con nuestra fuerza y otros con la suya, podríamos curarnos y curar, podríamos transformar este mundo, abrir puertas, romper muros, levantar puentes… llegar a ser verdadera humanidad.

pascua
                                                                                           
                                                                                                                 @mcdelafuente