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APRENDIENDO A CONJUGAR

En Adviento, los pobres, fijos los ojos en Dios, aprendemos a conjugar los tiempos de su venida. Con el profeta aprendemos el futuro: “El Señor será rey de Israel… ya no temerás”. Con el bautista se nos ha hecho posible conjugar en presente la venida del Señor: “Viene el que puede más que yo”.
En Adviento, nuestra oscuridad se ilumina con luz de promesas divinas, la fe aviva en la noche la esperanza, y, por ser cierta, la esperanza enciende en la noche la alegría: “Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, pueblo del Señor, alégrate y gózate de todo corazón… el Señor tu Dios es tu Salvador”.
En Adviento, los pobres aprendemos a conjugar los tiempos de nuestra peregrinación al encuentro del Salvador: “Confiaré, no temeré… dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad sus hazañas”.
En Adviento, como hijos muy queridos de Dios, aprendemos a vivir en la alegría, en la moderación, en la oración, en la paz.
En Adviento, aprendemos a vivir en esperanza el abrazo que daremos a Cristo cuando llegue para todos la Navidad.
El corazón me dice que podemos anticipar ese abrazo en la Eucaristía y en los pobres que la gracia de Dios pone en nuestro camino.
Feliz domingo. Feliz Adviento. Feliz abrazo a Cristo Jesús.



CIEN AÑOS.  POR TI, CECILIA
Hace unos días las Comunidades de Santiago celebrábamos FIESTA. No era una de tantas…  - ¡que ya es grande poder CELEBRAR!-  era la CELEBRACIÓN DE LOS 100 años de nuestra hermana CECILIA.

Una mujer, buscadora de Dios, seguidora de Jesús, según el estilo de Mª Ana Mogas entregada  a enfermos, ancianos y cuantos la necesitaban. Una mujer alegre y todavía hoy FELIZ y llena de vida.

Muchas hermanas y tant@s compañero@s de trabajo, somos testigos, como dice el poema de Eladia Blázquez “HONRAR LA VIDA”, de que en ella:
Merecer la vida no es callar
y consentir,
tantas injusticias repetidas...
Es una virtud, es dignidad
y es la actitud de identidad
más definida.
El pasado día 2 de junio, desde primera hora de la mañana, agradecidas al Señor de la Vida, celebramos los 100 y cinco meses de M. Cecilia…

BRINDAMOS por sus días, por sus años, por su ancianidad, por su capacidad de HONRAR LA VIDA

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