TIEMPOS FUERTES

  1. Cuaresma 2014.
  2. Jueves Santo - la ultima cena
  3. La Ultima Cena, La Crucifixión y La Resurrección
  4. entrada en Jerusalen - Domingo de Ramos
  5. Evangelio del Domingo
  6. Pascua
  7. CUARESMA 2014
  8. La pasión de Jesús a través de la mirada de un niño. RAYITO DE COLORES
  9. LA VIEJA CUARESMADentro el calendario litúrgico cristiano la(...)
  10. Hoy es 25 de marzo, martes III de Cuaresma, Fiesta de la Anunciación del Señor.
  11. Evangelio Ilustrado, 4º Domingo Cuaresma, 30 marzo
  12. Comentario al Evangelio de hoy, 25 marzo
  13. Catequesis sobre la Semana Santa
  14. Guión Litúrgico 4, IV Domingo Cuaresma, 30 marzo
  15. Reflexión al Evangelio de ayer, 23 marzo
  16. GRABACIÓN DEL PROGRAMA DE RADIO DE CUARESMA.
  17. NOS GUSTA LA SEMANA SANTA
  18. LA SEMANA SANTA (VIDEOS)
  19. VOCABULARIO DE SEMANA SANTA
  20. LA SEMANA SANTA EN IMÁGENES
  21. TEMA 7: CUARESMA Y PASCUA - TEMA EN PDF
  22. SEMANA SANTA
  23. Easter 2014
  24. Así fue la presentación del Vía Crucis
  25. cantos litúrgicos 1 para el 4º Domingo de Cuaresma
  26. COMENTARIO AL EVANGELIO DOMINGO 3º DE CUARESMA
  27. Familia con olivos y palmas
  28. TERCER DOMINGO DE CUARESMA (PUZZLES)
  29. TERCER DOMINGO DE CUARESMA (REFLEXIÓN)
  30. TERCER DOMINGO DE CUARESMA: EL ENCUENTRO DE JESÚS CON LA SAMARITANA (VÍDEO - EXPLICACIÓN - DIBUJO)
  31. Tentaciones de Jesús en el desierto...
  32. Recursos Catequesis Tercer Domingo de Cuaresma Ciclo A
  33. Cuaresma para infantil
  34. Sediento. Oración encuentro con J.
  35. RECURSOS - 3º Dom. CUARESMA - Ciclo A
  36. DOMINGO 3º CUARESMA-CICLO A
  37. CURACIÓN CIEGO NACIMIENTO (VÍDEO - EXPLICACIÓN - MOSAICO)
  38. ¿Por qué ayunar en Cuaresma?
  39. BOLETÍN PRIMEROS CRISTIANOS MARZO III
  40. AGUA VIVA (PUZZLES)
  41. El Papa recuerda que la Cuaresma es para ajustar, organizar y cambiar la vida
  42. Tú eres el agua viva (Hna. Glenda)
  43. El agua lo cambia todo Jn 4,5-42 (CUA3-14)
  44. Agua viva: ver de otra forma la vida Jn 4,5-42 (CUA3-14)
  45. La sed y el deseo Jn 4,5-42 (CUA3-14)
  46. Tercera Semana de Cuaresma "Marca la diFErencia"
  47. Marca la diFErencia
  48. La niña de tus ojos (Video)
  49. Marca la diFErencia
  50. El perdón. (Impresionante Video)
  51. Marca la diFErencia
  52. Tuve un sueño (Video)
  53. ¿Qué pasaría si hicieras un alto en el camino? (Multimedia)
  54. Marca la diFErencia
  55. Tú, Jesús. Adoración de la Cruz. Viernes Santo (Video)
  56. Si fuéramos... la Cuaresma sería
  57. El Papa Francisco llama a participar en la Jornada 24 horas con el Señor
  58. VIA CRUCIS, CAMINO DE LA CRUZ.
  59. ACOMPAÑAREMOS A JESÚS EN SU VÍA CRUCIS.
  60. DECÁLOGO DE LOS SIGNOS CUARESMALES.
  61. PARA PENSAR...
  62. MI CAMINITO DE CUARESMA.
  63. PRÁCTICAS CUARESMALES.
  64. EL VÍA CRUCIS (CAMINO DE LA CRUZ).
  65. UN PROPÓSITO PARA CADA ESTACIÓN DEL VIA CRUCIS.
  66. VIA CRUCIS
  67. Domingo 23 de Marzo – 3° del Tiempo de Cuaresma – Ciclo A
  68. Dibujo de Fano para el Evangelio del Domingo (23/03/2014)
  69. ESPECIAL DE CUARESMA: 2° DOMINGO
  70. Evangelio del día, 25 marzo
  71. Las mejores gafas
  72. Quien encuentra a Jesús empieza a ver
  73. Conectados al Corazón de Jesús
  74. Evangelio dialogado, IV Domingo de Cuaresma, 30 marzo
  75. Fichas para niños, 4º Domingo de Cuaresma
  76. Guión Litúrgico 5, para el IV Domingo Cuaresma, 30 marzo
  77. Guión Litúrgico 3 para el 4º Domingo de Cuaresma, 30 de marzo
  78. Guión Litúrgico 2 para el 4º Domingo Cuaresma, 30 marzo
  79. Guión Litúrgico 1-4º Domingo Cuaresma
  80. Domingo 2° de Cuaresma - Comentario de las lecturas
  81. ¡Nosotros, sí que estamos ciegos!. IV Cuaresma.
  82. ESTÁS BUSCANDO UN POZO? Domingo III Cuaresma 2014
  83. III da Coresma
  84. Domingo de Ramos - CICLO A
  85. Jueves Santo - CICLO A
  86. Oración Comunitaria 3º domingo de cuaresma ciclo A
  87. ¿Qué significan las palmas benditas?
  88. Domingo de Pascua - CICLO A
  89. Sábado Santo, Vigilia Pascual - CICLO A
  90. Viernes Santo - CICLO A
  91. Cirio Pascual plegado
  92. Moniciones (4) para el IV Domingo de Cuaresma, 30 marzo
  93. Moniciones y peticiones para el 4º Domingo de Cuaresma, 30 marzo
  94. Pascua
  95. Pascua
  96. Pascua
  97. Recursos Catequesis I Domingo Pascua Ciclo A
  98. Una cuaresma muy activa.
  99. Recursos catequéticos y litúrgicos 4º Domingo Cuaresma, 30 marzo
  100. SEMANA SANTA EN 1º A
  101. SEMANA SANTA
  102. Recursos Catequesis Semana Santa
  103. La Resurrección de Jesús...
  104. Semana Santa para niños
  105. ¿Te atreves a mirar diferente? - 4º Domingo de Cuaresma
  106. El agua lo cambia todo - 3º Domingo de Cuaresma, Ciclo A
  107. Vídeos para niños 4º Domingo Cuaresma
  108. Videos IV Domingo de Cuaresma
  109. YO ESTUVE EN MISA: III Domingo de Cuaresma.

RECURSOS PARA PREPARAR LA VIGILIA DE PENTECOSTÉS

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

VIERNES SANTO

JUEVES SANTO


CELEBRACIONES
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PASCUA DE RESURRECCIÓN

¡ALELUYA!
¡CRISTO HA RESUCITADO!
¡ALELUYA ALELUYA!

Exulten por fin los ángeles.
Que se asocien a la Fiesta los creyentes,
y por la victoria de Jesús sobre la muerte
salga el pregonero a las calles
anunciando la derrota del Hades.

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

Alégrese nuestra Madre la Iglesia
porque en la historia del mundo
siguen los hombres resucitando,
y abiertos con esperanza al futuro
confiesan a Cristo glorificado.

Esta es la noche del absoluto vacío
que la Palabra llenó creadora.
Esta es la noche de Abraham
en que el Cordero redime a Isaac
sobre la cumbre del monte Moria.

Esta es la noche de Egipto
con Moisés de caudillo, 
un Pueblo peregrino a la libertad
y los esclavos vencedores del Esbirro.

¡Qué noche maravillosa:
Cristo subiendo del abismo
y la muerte muerta!
¡Qué maravilla de Dios:
entregando al Hijo
salvaste al esclavo!
¡Qué maravilla de amor:
porque hubo pecado
conocimos el perdón!
¿De qué nos sirviera nacer
si la muerte fuera nuestro destino?

Esta es la noche
en que cayeron dictaduras.
Esta es la noche
en que el avaro renunció a su fortuna.
Esta es la noche
en que el lascivo dejó la lujuria.
Esta es la noche
que acabó con viejas rupturas
engendradas en guerras añejas,
y encontró abrazados a hermanos
que riñeron por líos de herencias.

Esta es la noche que sacude conciencias,
quema los ídolos, 
despierta vocaciones,
alumbra virginidades, 
engendra esperanzas,
convierte en arados las espadas,
saca renacidos de las aguas,
alegra a los tristes, provoca adoradores,
descarga pistolas y derriba opresores.

Esta es la noche
que trae la Buena Noticia a los pobres,
abre los ojos de los ciegos,
libera a los prisioneros
y anuncia el perdón a los pecadores.

¡Sea bendito Nuestro Señor
que subiendo a la Cruz
y entrando en la muerte,
venció para siempre
los poderes del mal!

¡A gozar de la Luz...
rota la oscuridad...
victorioso de nuevo el Amor...!
¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!

SÁBADO SANTO



Lo que hace que este día sea "santo" es que está preñado de una esperanza cierta. Después de unos días muy intensos en los que todo se ha sucedido con rapidez, casi sin frenos, la liturgia se calla, los altares de callan, las bocas que cantaban se callan. Todo se sume en el silencio, pero no es un silencio hueco, vacío, desprovisto de todo. Es un silencio que alberga la vida y que la contiene antes de que ésta explote. El sábado santo es como el brote nuevo que vemos en el árbol justo antes de explotar en flores rebosantes de color, de vida, de savia nueva. Como el brote que alberga la rama seca del que brotará una nueva rama alimentada por el brío incontenible de la primavera. Sí, el sábado santo sabe más de vida que de muerte porque, aunque anda de ambos equidistante, deja atrás lo que la cruz clavó y el sudario cubrió y promete la luz de una mañana soleada, brillante, plena.

Retomando nuestro deambular por estos espacios, os invito a preparar el corazón para la Vida y a que sin prisas emprendamos desde ya el camino que nos abre la Pascua, esa que ya se vislumbra y que tan solo en unas horas celebraremos.

VIERNES SANTO




Jesús, a pesar de todas las apariencias, abre un nuevo horizonte para el hombre al superar la prueba a la que va a ser sometido.
Si leemos despacio el relato de la pasión y muerte de Jesús, descubriremos que el que está juzgando es el reo, Jesús, y no los distintos jueces y partícipes de la pasión. Pilato es sometido a prueba y resulta que le fallan las cualidades indispensables. La muerte de Jesús constituyó también un juicio contra los escribas, los fariseos y otras gentes que lo rechazaron a sabiendas.
Los propios discípulos tampoco se libraron de ser puestos a prueba.
Judas le entregó, Pedro le negó y los demás huyeron.
También el propio Jesús fue sometido a prueba... y la prueba fue difícil.
Sólo Jesús fue capaz de aceptar el desafío de aquella hora. Un desafío que le situó por encima de cualquier otro hombre, como la verdad silenciosa que juzga a todo hombre. Jesús murió en soledad como el único hombre que había sido capaz de superar la prueba.

JUEVES SANTO




Toda esta preparación solemne es para decir que Jesús se pone a lavar los pies a los discípulos. Su máxima libertad le lleva a ejercer el servicio más humilde. Juan no habla de la eucaristía en la última cena, pero habla, con este gesto simbólico, del significado de la muerte y resurrección de Jesús: la donación, por amor, de la vida que el Padre le ha dado.
Es típico de Juan la mala o nula comprensión de lo que Jesús hace y dice. Ahora es Pedro quien expresa esta incomprensión, que sólo podrá superar "después", es decir, cuando Jesús haya "entregado el espíritu".

El gesto de Jesús no es el simple modelo a imitar. Los discípulos "deben lavarse también los pies unos a otros", como les ha hecho "el Maestro y Señor". Para que una comunidad se pueda llamar verdaderamente cristiana, debe hacer lo mismo que Jesús: "lavarse mutuamente los pies", es decir, servir, dar la vida hasta el extremo por amor. Porque eso es lo que ha hecho Jesús. Porque así es como lo ha hecho Jesús.



La Semana Santa es inaugurada por el Domingo de Ramos, en el que se celebran las dos caras centrales del misterio pascual: la vida o el triunfo, mediante la procesión de ramos en honor de Cristo Rey, y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión correspondiente a los evangelios sinópticos (la de Juan se lee el viernes). Desde el siglo V se celebraba en Jerusalén con una procesión la entrada de Jesús en la ciudad santa, poco antes de ser crucificado. Debido a las dos caras que tiene este día, se denomina «Domingo de Ramos» (cara victoriosa) o «Domingo de Pasión» (cara dolorosa). Por esta razón, el Domingo de Ramos -pregón del misterio pascual- comprende dos celebraciones: la procesión de ramos y la eucaristía. Lo que importa en la primera parte no es el ramo bendito, sino la celebración del triunfo de Jesús. El rito comienza con la bendición de los ramos, que deben ser lo bastante grandes como para que el acto resulte vistoso y el pueblo pueda percibirlo sin dificultad.
A la procesión sigue inmediatamente la eucaristía. Del aspecto glorioso de los ramos pasamos al doloroso de la pasión. Esta transición no se deduce sólo del modo histórico en que transcurrieron los hechos, sino porque el triunfo de Jesús en el Domingo de Ramos es signo de su triunfo definitivo. Los ramos nos muestran que Jesús va a sufrir, pero como vencedor; va a morir, mas para resucitar. En resumen, el domingo de Ramos es inauguración de la Pascua, o paso de las tinieblas a la luz, de la humillación a la gloria, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida.

DOMINGO DE RAMOS


Empezamos la Semana Santa, porque celebramos en ella los misterios más santos de Jesucristo, nuestro Salvador. Queremos que sea también santa porque en estos días nos acercamos con gran deseo a la fuente de la santidad y de la gracia. Ojalá que en esta Semana Santa también nosotros nos santifiquemos y ayudemos a los hermanos a crecer en santidad.





Convertíos y creed en el evangelio. Estas palabras resuenan cada año en nuestros oídos mientras recibimos la ceniza en el comienzo de la cuaresma. Creer y convertirse son dos pasos del recorrido cristiano estrechamente ligados entre si. No es posible convertirse sin fe. No es posible convertirse en profundidad sin crecer en profundidad.







Nos estamos acercando a la Semana Santa y la Pascua.
Contemplamos esta figura de Cristo caminando hacia su Cruz y dispongámonos a incorporarnos también nosotros al mismo movimiento de su Pascua: muerte y vida, renuncia y novedad.
Nos ha dicho: "El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor. El que se ama a sí mismo, se pierde". Celebrar la Pascua supone renunciar a lo viejo y abrazar con decisión lo nuevo. La novedad de vida que Cristo nos quiere comunicar.
Esto supone lucha. Esto comporta muchas veces dolor, sacrificio, conversión de caminos que no son pascuales, que no son conformes a la Alianza con Dios. El mejor fruto de la Pascua es que nuestra fe, tanto a nivel personal como comunitario, se haga más profunda y convencida, y que cambie el estilo de nuestra vida.
Cuando hoy escuchemos en la Eucaristía lo que el sacerdote dice del cáliz de vino: "este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna", recordemos lo que anunciaba Jeremías, y que se ha consumado en la Cruz de Cristo. De esa Alianza participamos cada vez que acudimos a comulgar. La Eucaristía es cada vez una Pascua concentrada. Cristo mismo ha querido en ella hacernos partícipes de toda la fuerza salvadora de su entrega en la Cruz.

"Triste está mi alma, oscura y agitada,
oprimido y angustiado, el corazón.
¿Por qué, por qué, Dios mío, esta misión
y destino de suerte atormentada?
Tengo el alma en la noche desgarrada, 
de lágrimas y gritos mi oración...
¡Glorifícame, Padre, en comunión!
¡Lejos de mí esta copa acibarada!
Mas si el grano de trigo no muriera
ni la vid se dejara ya podar,
no tendríamos pan que se partiera
ni vino del amor en el altar.
Te exaltaré, Hijo mío, puesto en cruz,
serás digno de gloria, amor y paz.





LA CRUZ ESTANDARTE DE SALVACIÓN 

El evangelio es un anuncio. Es Buena Noticia. Cuando Jesús habla de Dios, narra historias y parábolas. Porque sólo las historias permiten adivinar el comportamiento incomprensible de Dios.
Cuando habla de Dios, Jesús realiza gestos y acoge en su mesa a los pecadores y a las gentes insignificantes. Porque sólo los gestos muestran lo que hace vivir a Dios. "Tanto amó Dios al mundo...", comentará Juan en su ancianidad.
"Tanto amó Dios al mundo..." (/Jn/03/16): ésta es la única confesión de fe que estamos obligados a profesar para ser fieles a la herencia que se nos ha dado. Dios ama al mundo con un amor incomprensible e inconmensurable. El Dios que revela Jesús no es un Dios al estilo de los hombres, ni el que garantiza el orden del mundo, ni una superpotencia, ni un super-ingeniero vigilante del escenario y del plan del mundo, ni el guardián del orden social o moral. Dios ama: no se puede pensar en El sin darle ese predicado que impresiona tan profundamente al corazón del hombre hasta en sus fibras más íntimas: Dios es amor. Sólo Jesús, ese Jesús cuya palabra y cuyos gestos conducen a la cruz, sólo Jesús crucificado podía dejar sospechar esto: Dios es amante. El Dios de los filósofos nos diría: "Hay lo que hay: el azar y la necesidad; busca y encuentra". El Dios de los sabios nos diría: "Aguarda y verás: encontrarás la Verdad". El Dios de los moralistas nos diría: "Es preciso, debes hacer esto, ésta es tu obligación". El Dios de los ideólogos nos diría: "¿Qué has construido? ¿Cuál es tu combate?" El Dios de Jesucristo, por ser amor, nos dice solamente: "¿Quieres?" Un "¿Quieres?" que desarma y está desarmado. Dios está desarmado y es infinitamente pobre; la misericordia es, ante todo, una súplica de Dios: "Déjame amarte". Pero su palabra, "¿quieres?", nos desarma, porque su misericordia es el cuestiona- miento más radical que se nos podía hacer.
Desarmante y desarmado; así es Dios; sólo unas historias y unos gestos pueden hacernos atisbar la interpelación que nos toca en lo más íntimo de nosotros mismos y nos permite vislumbrar lo que El quiere decirnos: "Yo os amo: ¿y vosotros?".



Contemplo la "Serpiente" bendecida,
levantada en la cruz como estandarte: 
sacramento y misterio, he de mirarte
con una fe total y agradecida;

antídoto y salud, fuente de vida.
Quiero acercarme a ti, y manifestarte
mi nada, mi pobreza; y regalarte
un beso como flor en cada herida.

Quisiera penetrar por esas puertas
espléndidas en sangre, siempre abiertas,
en el Santuario inmenso de tu amor,

comulgando con tu gloria y tu dolor;
y en tu fuego quemarme, transformado
en testigo de un Dios crucificado.





La operación limpieza del templo sólo se completará cuando logremos desarraigar esa mentalidad mercantil, esa concepción utilitarista de la religión que nos hace roñosos y mezquinos, que nos transforma en comerciantes a la sombra del templo. Y los traficantes del templo no hemos de olvidarnos de que en el lenguaje del Señor merecen el nombre de "bandidos".
Cristo ha considerado a los amigos del templo precisamente como a los más peligrosos enemigos del templo.
Las consecuencias resultan molestas para nosotros. Podemos aprender en cabeza ajena: los peores enemigos del cristianismo no han de buscarse fuera, sino dentro de su recinto sagrado. Y entre ellos podemos estar nosotros.
Somos muy hábiles para descubrir a los enemigos externos de nuestra religión. Hemos descubierto a todos los enemigos y los hemos catalogado. Les hemos echado encima todas las culpas. Les hemos declarado la guerra. Hemos cometido un error formidable.
Hemos reducido nuestro "ser-cristianos" a un "ser-anti": anti-enemigos externos. Y no nos hemos dado cuenta de que sería urgente ser "anti-nosotros-mismos".
El peligro para la Iglesia no viene de fuera; viene de dentro, viene de nosotros.
Los enemigos externos le hacen, en el fondo un estupendo servicio: la obligan a ser vigilante, aumentan su fuerza de cohesión, la robustecen.
Contra los enemigos internos no hay más solución que el látigo de Cristo. Yo, que me he acogido a la sombra del templo; yo, que vivo en el recinto sagrado, puedo ser un enemigo del templo, un profanador del templo.

No valen para Dios templos de piedra,
Dios prefiere otros templos entrañables.
Ven, Señor, a mi casa, tu morada ....
Pero yo no soy digno, estoy manchado.
Mi casa es pequeña, fría y sucia.
Límpiala a fondo con el agua viva, 
límpiala con aliento del Espíritu,
enciende en ella el fuego del Espíritu,
sea cómodo y hermosa en tu presencia.
Llénala con los dones de tu Espíritu,
que cuelguen de su paredes como adornos,
Ven, Señor, a mi templo, tu morada,
quédate en ella, no me dejes pobre.





Jesús no buscó la Cruz, sino que buscó el Reino; por buscar el Reino se encontró con esa Cruz que le regalaron aquéllos a los que el Reino y su justicia les molestaba tanto. Jesús nunca buscó la Cruz, a pesar de tanta poesía romántica que afirmaba que Jesús abrazó su Cruz con gran ternura y cariño. Decir eso será muy poético, pero es herético. Jesús abrazó con ternura y cariño la causa de Dios: la fraternidad de los hombres, el Reino entre nosotros. Pero Jesús no era ningún desviado masoquista, enamorado de instrumentos de tortura y ejecución. A Jesús la Cruz se la dieron otros, como un regalo envenenado; pero él nunca se la regaló. Y a los discípulos de Jesús que trabajan por el Reino les pasa exactamente lo mismo: siempre hay quienes están dispuestos a regalarles una Cruz que acabe con sus vidas. Una cruz, una bala, una calumnia, una excomunión, una persecución implacable... Siempre es igual, siempre es un regalo de otros que se sienten incómodos ante el Reino y sus avances.

Y es que la Cruz surge allí donde hay un cristiano comprometido por llevar adelante el ideal del Reino, por hacerlo realidad, por desenmascarar todo lo que se opone al Reino y acabar con ello. La Cruz es la reacción de los hijos de las tinieblas contra los hijos de la Luz, es su mecanismo de defensa. La Cruz, la verdadera Cruz, es fruto de vivir como discípulo (quizá por eso algunos tuvieron que inventarse sucedáneos). La Cruz es el certificado de garantía de que uno trabaja por el Reino, de que uno es discípulo de Jesús.

Señor, hoy nos muestras
los frutos de la conversión.
Quien sube poco a poco
el camino que lleva a tí
cambia internamente
y los efectos son fácilmente visible
para los que le rodean.

Señor, que nuestro cambio sea interior
y nos ayude a vivir con ilusión y sensatez
estos momentos difíciles.

Señor, que sepamos ver lo bueno
que has puesto en cada uno de nosotros.
Que sepamos transfigurarnos
y actuar a partir de nuestros valores
en lugar de ver y repetir
una y otra vez lo negativo.


Marcos presenta la tentación del desierto sin describirla.  Cuarenta días en el desierto y allí, la tentación. Es la experiencia de Israel, es nuestra experiencia, es la experiencia más profundamente humana de Jesús. La cruz ("Dios mío, ¿por qué me has abandonado?") será la culminación del desierto y de la tentación. Nosotros somos invitados a vivir nuestra vida, nuestro desierto, unidos al de JC, y combatir con él la tentación, que siempre es la misma: la huida, la facilidad, la tranquilidad personal a cualquier precio (y el pecado será caer en esa tentación, todo lo demás siempre será mucho menos decisivo).

Haciendo este camino con Jesús podemos oír su gozosa llamada: se ha cumplido el plazo, el Reino de Dios -el amor total de Dios- está aquí, merece la pena creer en esta gran noticia, merece la pena convertirse para poder creer en ella, merece la pena cambiar el modo de pensar y de vivir. La Pascua es el Reino, es la gran Noticia.


Señor, la tentación nos acompaña siempre.
Cuesta mantenerse al margen del dinero,
la publicidad, el poder.
Queremos valorar todo en su justa medida.
Ayúdanos, Señor.

Señor, fuiste llevado al desierto.
No sabías lo que allí podía suceder.
Queremos dejarnos conducir por ti,
sabiendo que en todo momento
tenemos tu ayuda.

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